Han llegado a mis oídos en incontables ocasiones, afirmaciones como "todos los hombres son unos estúpidos", "todas las mujeres son unas perras" o "todos los políticos son iguales". Ninguna de estas expresiones es de uso correcto, porque es imposible adjetivar de tal manera a todo un sector de la población... por más que en algunos casos parezca ser la verdad.
Podemos decir cosas como "Margarita es una isla rodeada de agua", "si me matan, me muero" y obviedades (o estupideces) por el estilo que no resultan tan insultantes como el grave error común de la generalización. Generalizar es lanzarse en caída libre hacia el vacío del absoluto. Vivimos en una sociedad con pluralidad de identidades, pensamientos y propiedades... en ese sentido, la relatividad es una cualidad universal. Cada quien es un mundo y por más que existan conductas, costumbres y adjetivos que identifiquen a una gran cantidad de personas, no es tan fácil establecer una afirmación concreta sobre valores compartidos por toda una población. Lo más parecido que tenemos entre todos es que somos diferentes.
"Todos los hombres son hombres"... y aún así, dudaría de esto. Es increíble el cambio que puede generar un pequeño adverbio a la imagen que presentamos con nuestras palabras, i.e.: "Casi todos los hombres son estúpidos". ¡Muy bien! Hemos logrado una aseveración que no deja de ser insultante, pero pierde en gran medida el poder auto-destructivo sobre el que enuncia la frase.
Las generalizaciones deben ser hechas con extremo cuidado. "La lengua es el castigo del cuerpo". Considero que tenemos frente a nosotros un caso tiránico de la palabra. Someter a todos al mismo yugo por una experiencia particular es la justicia de la escuela primaria, donde "por uno, pagan todos". Para generalizar debe existir primero un estudio completo de la población en cuestión. No podemos afirmar el universo por la observación de una estrella. En ese sentido, existen generalizaciones válidas como "todos somos unos ignorantes", pero sin duda, mi favorita es "todo el que generaliza sin criterio es un pendejo".

