domingo, 11 de noviembre de 2012

"Todos los hombres son unos estúpidos"

      Han llegado a mis oídos en incontables ocasiones, afirmaciones como "todos los hombres son unos estúpidos", "todas las mujeres son unas perras" o "todos los políticos son iguales". Ninguna de estas expresiones es de uso correcto, porque es imposible adjetivar de tal manera a todo un sector de la población... por más que en algunos casos parezca ser la verdad.

      Podemos decir cosas como "Margarita es una isla rodeada de agua", "si me matan, me muero" y obviedades (o estupideces) por el estilo que no resultan tan insultantes como el grave error común de la generalización. Generalizar es lanzarse en caída libre hacia el vacío del absoluto. Vivimos en una sociedad con pluralidad de identidades, pensamientos y propiedades... en ese sentido, la relatividad es una cualidad universal. Cada quien es un mundo y por más que existan conductas, costumbres y adjetivos que identifiquen a una gran cantidad de personas, no es tan fácil establecer una afirmación concreta sobre valores compartidos por toda una población. Lo más parecido que tenemos entre todos es que somos diferentes.


      "Todos los hombres son hombres"... y aún así, dudaría de esto. Es increíble el cambio que puede generar un pequeño adverbio a la imagen que presentamos con nuestras palabras, i.e.: "Casi todos los hombres son estúpidos". ¡Muy bien! Hemos logrado una aseveración que no deja de ser insultante, pero  pierde en gran medida el poder auto-destructivo sobre el que enuncia la frase. 

       Las generalizaciones deben ser hechas con extremo cuidado. "La lengua es el castigo del cuerpo". Considero que tenemos frente a nosotros un caso tiránico de la palabra. Someter a todos al mismo yugo por una experiencia particular es la justicia de la escuela primaria, donde "por uno, pagan todos". Para generalizar debe existir primero un estudio completo de la población en cuestión. No podemos afirmar el universo por la observación de una estrella. En ese sentido, existen generalizaciones válidas como "todos somos unos ignorantes", pero sin duda, mi favorita es "todo el que generaliza sin criterio es un pendejo".

El disparo de la fotografía: Balas ideológicas en imágenes


              Jesús de Miguel y Omar Ponce de León, en el texto «Para una Sociología de la Fotografía», establecen entre los temas que consideran básicos en el análisis de la sociología de la fotografía el carácter de agente del cambio social y/o político a través de las imágenes producidas por un fotógrafo, que podría ser desde un “artista” a un “investigador social”, dependiendo de las opiniones establecidas por quien coloca su ojo a través del lente de su realidad.

            El poder, en la fotografía, adquiere un nuevo significado al momento de realizar una foto con intenciones de generar cambios en la sociedad. La imagen se convierte en una herramienta de persuasión por la que una idea, contraria a un “pensamiento común” (entiéndase esto como una tendencia que es propia de un grupo bastante considerable de individuos), busca ser reemplazada o modificada para crear conciencia sobre alguna falla que el fotógrafo detectó en el sistema social por el que se rige su contexto, el de los que piensan como él y el de su audiencia predilecta.

            Por medio del uso de imágenes poderosas de realidades sociales, crítica a estas, o de cualquier índole que permita establecer una opinión (y si es metafórica, mejor) el fotógrafo crea un mensaje que se transforma en una bala. La cámara es un arma de fuego. Un disparo de una Nikon… o para hacer una imagen literaria más apropiada, de una Canon, no viaja suavemente por el aire como un ave, sino que busca atravesar corazones y hacer sangrar sensibilidades ideológicas.

            Podrá parecer bastante intenso, pero la fotografía al poseer la capacidad de transmitir un mensaje… como prácticamente todo en este universo… adquiere un súper poder. Comunicar es poder y si se tienen las herramientas para hacer un mensaje más efectivo y completo, las balas ideológicas en imágenes se vuelven prueba de aquel famoso dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”.

            Generar un cambio no es tarea fácil, pero si lo fuese, quizás perdería el chiste del reto que existe para un fotógrafo o un sociólogo. Tomar una foto debe ser un placer, ¿cómo no? Es precisamente en ese disfrute apasionado que las cosas salen con mejor calidad, y no solo en el sentido técnico… en ese aspecto, la pasión no juega un papel tan importante al lado de lo económico.

            En conclusión, si existe un tema de la Sociología de la Fotografía que le da un mérito socio-político a la Fotografía es éste. Citando a V en la película V de Vendetta: "Debajo de esta máscara hay más que carne. Debajo de esta máscara hay una idea, Sr. Creedy. Y las ideas son a prueba de balas."… pero, nos preguntamos: ¿serán a prueba de fotos?