El presente texto está basado en el libro “A ese infierno no vuelvo” de la periodista Patricia Clarembaux, y en ese sentido, pretende establecer un breve análisis de la actual situación carcelaria de Venezuela a través de los planteamientos del discurso de Dante Alighieri en la más célebre de sus obras, “La Divina Comedia”.
Infierno
Quizás este sea el punto más importante dentro de esta disertación, la fundamentación del tema tratado en el libro de Clarembaux, e incluso, presente en el título de su reportaje (como lo identifica Ediciones Punto Cero) “A ese infierno no vuelvo”.
Entre la inmundicia, la corrupción y la desidia, los privados de libertad viven día a día entre los siete pisos del inframundo, o más bien los pabellones de las penitenciarías. Sometidos a castigos que van desde el solo “estar ahí” hasta las salvajes torturas que se ven en casos como el de “La Reina del Arroz con Pollo”, la condena a un recluso que cayó ante la lujuria, que la autora narra bastante bien y aunque resulta grotesco, no es tan terrible como observar lo sucedido en las grabaciones que, lamentablemente, ofrecen portales web. Se supone que iría al segundo círculo del infierno, pero con evidencias, se puede saber que se ha fundado un octavo piso y es bastante posible que Lucifer haya tenido que mudarse.
Sin embargo, la incertidumbre acerca de su futuro es, probablemente, la peor de las puniciones que reciben los reclusos en sus tristes años que sienten pasar como una eterno castigo, ya que las autoridades; muchas veces, denigrando el carácter humano que también poseen estos ciudadanos que, aunque hayan delinquido, continúan siendo venezolanos; se olvidan de los derechos que estipulan la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y las Reglas Mínimas para el Tratamiento de los Reclusos, adoptadas por el Congreso de las Naciones Unidas en1955, desde Ginebra.
Ni Judas, ni Brutus, ni Caín, sufren de la incertidumbre que generan los tribunales, los jueces y los encargados de las penitenciarías sobre los encarcelados quienes al menos deberían tener derecho a saber qué rayos va a pasar con ellos. Gran parte de los presos no tiene ni idea de cuánto tiempo estará en el infierno, si hay una oportunidad de dirigirse a un verdadero purgatorio, o si se puede en realidad regresar al caótico paraíso de la libertad.
Purgatorio
Entre tantas cosas, se espera que la rehabilitación, la reintegración a la sociedad y la reeducación de los privados de libertad sean las principales metas de un centro penitenciario, pero esto no es exactamente lo que se ve, salvo en muy pocos casos.
A través de los testimonios presentes en el libro, se asoma una declaración de Gabriela Ramírez, quien fue la defensora del pueblo, refiriéndose a los derechos de los reclusos: “(…) la sanción es para resocializarlos y (…) la cárcel debería ser un lugar donde ellos purguen su condena”.
Algunos presos, así como Dante y Virgilio, se encuentran con la montaña hacia Dios, a través de la práctica de la religión evangélica. Casos como el de Jefferson Rodríguez y Radamés, que dicen haber alcanzado la libertad espiritual y la redención a través de la palabra del Señor y las revelaciones de Jesús, y el pastor Luis Romero, quien dijo que “El fracaso que era mi vida me hizo reflexionar y cambiar. Terminé aceptando a Jesucristo en mi corazón”.
Esté uno de acuerdo o no con las bases de este credo, se debe reconocer que la evolución espiritual y humana que lograron estos privados de libertad es comparable con el encuentro de Alighieri con Matilda, quien prepararía a Dante para recibir a Beatriz, la verdadera imagen con la que intenta conseguirse todo recluso.
De cualquier modo, es cada vez más grande la anarquía que presentan los centros penitenciarios del país. Van en una, aparentemente inalterable, gráfica creciente que tiende hacia abajo y al infinito, en el eje de las Y, también las ganas de mejorar las condiciones humanas de los presos, ya que las miras van hacia un paraíso material, donde tener el poder sobre la penitenciaría, preocuparse por los lujos como televisores con DIRECTV y las fiestas con minitecas.
Qué triste es que la vida de los demás no valga nada para muchos de los reclusos, y que lo más importante sea que se cumpla lo que mandan los ‘pranes’ en esas dictaduras de cárcel, donde las autoridades se olvidan del trabajo que tienen que hacer, prefieren alejarse de los conflictos que se viven en las prisiones y contribuyen a que las prisiones no puedan ser la estructura inversa al infierno dantesco.
Paraíso
Por más arriesgada que parezca la comparación de las cárceles con el edén que describe Dante, existe cierto valor que se puede reconocer en algunas de las declaraciones de las entrevistas realizadas por Clarembaux a individuos como “Jesús Gregorio”, quien llegó a la cárcel como cualquier otro criminal y se convirtió en un importante ‘pran’.
Los ‘pranes’, líderes máximos de los reclusos, ya que se han podido ganar el respeto de la mayoría de los presos, como explica el protagonista de la narración de la periodista, viven en su paraíso dentro de ese infierno, sentados en la silla de Mefistófeles, jugando al PlayStation y quizás disfrutando de la lectura del “Conde de Montecristo” de Alexandre Dumas padre, y soñando con el verdadero paraíso que han olvidado, bañados en la sangre, las heces y desperdicios que manchan las paredes de los centros de reclusión.
Simón Jaimes sobrevivió y observó esa pizca del paraíso a través del arte. La música fue su guía en los pisos de la montaña del purgatorio y alcanzó su máxima felicidad al reencontrarse con Beatriz en los ojos de su esposa e hija, el 26 de agosto de 2008, y es quien asevera: “De verdaíta, de todo corazón, te digo que prefiero ser pobre a estar preso. A ese infierno no vuelvo”, dándole título al reportaje de Clarembaux.
El verdadero paraíso, es la libertad, es este lugar que muchos no saben valorar hasta el momento en que se encuentran entre los muros de una penitenciaría, es el día a día que cada vez parece más infernal, la Beatriz que los convictos intentan alcanzar, la voluntad de vivir gozando de las decisiones propias para una existencia redimida en el libre albedrío, la admiración del amor como la base para la eterna felicidad que persigue el eudemonismo, y el ósculo con la más hermosa de las damas que el universo ha tenido la dicha de dar a luz, la libertad.
“Tan gentil y tan honesta luce
mi dama cuando a alguien saluda,
que toda lengua temblando enmudece,
y no se atreven los ojos a mirarla.
Ella pasa, sintiéndose alabada,
benignamente de humildad vestida;
y pareciera ser algo venido
del cielo a la tierra a mostrar un milagro.
Se muestra tan agradable a quien la mira,
que por los ojos procura al corazón gran dulzura,
incomprensible para quien no la experimenta.
Y parece que de sus labios surgiera
un espíritu suave de amor pleno
que al alma va diciéndole: ¡Suspira!”
El Empíreo
A manera de colofón, cabe destacar que la obra de la periodista, así como la de Dante Alighieri, no debe pasar desapercibida y no debe ser tomada como un simple texto expositivo. “A ese infierno no vuelvo” es también una crítica al sistema penitenciario del país y si no se capta el mensaje que intenta enviar la autora, es porque las autoridades, para ser honestos, no están muy interesados en mejorar la calidad de vida de los privados de libertad y la defensa de los derechos que estos merecen como seres humanos.



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